Admiro aquella cabeza que lleva orgullosamente su desgracia, como un rey su corona.
¿Cómo puedo imaginar una sociedad y mutua correspondencia de deberes sociales entre el hombre que gasta un millón al año y el hombre que no tiene la seguridad de comer pan cada día, una mísera cantidad de pan amasado con hiel y lágrimas?
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Sólo el dolor es el rey eterno de la tierra, y la suerte da con la siniestra y arrebata con la diestra.
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La felicidad consiste casi siempre en saber engañarse
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Quien no sabe gobernar es siempre un usurpador