Asombra que yo no haya abandonado aún todas mis esperanzas, puesto que parecen absurdas e irrealizables. Sin embargo, me aferro a ellas, a pesar de todo, porque sigo creyendo en la bondad innata del hombre.
Quiero que algo de mí perdure después de la muerte.
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Tuve la suerte de ser arrojada bruscamente a la realidad.