Cuando alguien tiene la humildad de escuchar – primitivo e indispensable signo de inteligencia –, es capaz de aprender algo de casi todo el mundo.
Resulta cómodo pensar que son los demás, los que te amargan la vida.
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... encuentro que el género humano es execrable en general y los hombres, por su orgullo y desmedida ambición, en particular.