El alma está en el cerebro.
Si aislamos a alguien, sus creencias son las de siempre, pero al no haber nadie que las reafirme, se acaba convenciendo de que está equivocado.
Si aislamos a alguien, sus creencias son las de siempre, pero al no haber nadie que las reafirme, se acaba convenciendo de que está equivocado.