Adherida a tu velocidad, como la hoja a la rueda, lancé tímidas flechas a tus paisajes soberbios. Y sólo pequeños rincones de formas recogió mi corazón adormecido.
Yo no estoy y estoy siempre en mis versos, viajero, pero puedes hallarme si por el libro avanzas dejando en los umbrales tus fieles y balanzas: requieren mis jardines piedad de jardinero.
Imágenes
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Ah, me resisto, mas me tienes toda, tú, que nunca serás del todo mío.
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Alma: ¿Dónde está el oro aquel que viste? Todo ha cambiado cuando estuvo enfrente; Mis ojos tocan realidad tan triste Que digo: es el presente.
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Baja: mi corazón te está pidiendo. Podrido está; lo entrego a tus cuidados. Pasa tus dedos blancos suavemente sobre él.