La belleza, sin necesidad de valedores, persuade por sí misma los ojos de los hombres.
Frases célebres sobre: bell. [Página 61]
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Si pudiera exaltar tus bellos ojos y en frescos versos detallar sus gracias, diría el porvenir: Miente el poeta, rasgos divinos son, no terrenales.
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La belleza incita a los ladrones aún más que el oro.
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Y ahí estaba él, con el rostro demasiado cerca del mío. Su belleza aturdió mi mente...Era demasiada, un exceso al que no conseguía acostumbrarme.
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La mayoría de conjuntos de valores darían lugar a universos que, a pesar de poder ser muy bellos, no contendrían a nadie capaz de asombrarse de esa belleza
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El amor es una bellísima flor, pero hay que tener el coraje de ir a recogerla al borde de un precipicio.
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El hombre que no ha amado apasionadamente ignora la mitad más bella de la vida.
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La belleza no es más que la promesa de la dicha
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Las mujeres demasiado bellas sorprenden menos el segundo día.
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La belleza sólo es necesaria al nacimiento del amor, puesto que la fealdad constituiría un obstáculo. El enamorado llega muy pronto a encontrar bella a su elegida tal cual es, sin pensar en la verdadera belleza.
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Llamamos bello a aquello que es elogiado por el periódico y que produce mucho dinero.
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La belleza de la mujer se halla iluminada por una luz que nos lleva y convida a contemplar el alma que habita tal cuerpo, y si aquélla es tan bella como ésta, es imposible no amarla.
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La alegría del alma forma los días más bellos de la vida en cualquier época que sea.
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La obra humana más bella es la de ser útil al prójimo.
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Si existe algo bello, además de lo que es bello por sí mismo, lo es porque participa de la belleza.
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El más bello de los trabajos es ser útil a los otros en lo que uno tiene y en lo que uno puede.
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Los hombres buenos y bellos se conquistan con gentilezas.
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La belleza es un reino muy corto.
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El esturión no encontró nunca refugio más bello para sus crías que las sanas entrañas de ella.
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Los ojos se le habían transformado en huevos de cristal inestable que vibraban con una frecuencia de algo que llamaban lluvia y un ruido de trenes, haciendo brotar de golpe y entre zumbidos un bosque de espinas de cristal, finas como cabellos.