Ha sido adorable. Tenía todos estos gatos de porcelana por todas partes. Nos levantamos y desayunamos juntos en túnicas y todo. Es tan lindo.
Frases célebres sobre: túnica.
Hay un total de 13 freses célebres sobre "túnica" este sitio web.
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En verdad, Pedro quedó desnudo, cuando, a las palabras de la criada, negó a Cristo, pero luego se revistió de la túnica, cuando reconoció la culpa de su triple negación.
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Me puse mi túnica y dancé en el salón de música. El príncipe quedó cautivado. Me dijo que yo era como una visión y un sueño, por cuya realización hubiera estado esperando mucho tiempo. Se interesó profundamente por mi teoría de la relación del movimiento
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Cada cuna nos pregunta, ¿De dónde? y cada ataúd, ¿Hacia dónde? El pobre bárbaro, llorando por su muerte, puede responder esto tan inteligentemente como cualquier sacerdote con túnica del más auténtico credo.
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¿Se dirá que los dioses cascan las nubes cuando las nubes son malditas por el trueno, se dirá que lloran cuando aúlla la atmósfera? ¿Serán los arcoíris el color de sus túnicas?
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La justicia es unas estatuas feas en las plazas de las ciudades. Ninguna de ellas me gusta ni poco ni mucho -no son diosas ni mujeres. Yo amo la justicia de las mujeres sin túnica y sin divinidad.
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Se ve que no conoces a las mujeres, son capaces de todo, de lo mejor y de lo peor si les da por ahí, son muy señoras de despreciar una corona a cambio de ir al río a lavarle la túnica al amante o de arrasarlo todo y a todos para sentarse en un trono.
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A las nubes también el color tiñe, túnicas tintas en el mal les ciñe, las roe, las horada, y a la crítica nuestra, si las mira, por qué al museo su ilusión retira la escultura humillada.
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Duerme ya, desnuda, el sueño te viste mejor que una túnica.
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Al que te abofetee en la mejilla derecha ofrécele también la otra: al que quiera pleitear contigo para quitarte la túnica déjale también el manto; y al que te obligue a andar una milla vete con él dos. A quien te pida da, y al que desee que le prestes alg
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Sobre una torre había una mujer, de túnica blanca, peinándose la cabellera, que le llegaba a los pies. El peine desprendía sueños, con todos sus personajes: los sueños salían del pelo y se iban al aire
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¿SEÑOR TULIPÁN?, repitió la Muerte. El viento le agitaba la túnica, de manera que dejaba atrás una larga estela de oscuridad.
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Sus palabras sobre el ejercicio de la paciencia, y sobre el estar prontos a servir y ajenos a la ira, son éstas: a quien te golpee en una mejilla, preséntale la otra, y a quien quiera quitarte la túnica o el manto, no se lo impidas. Más quienquiera que se